Lo social debe ser predominante en nuestras vidas y las conductas que no sean prosociales serán vistas con malos ojos en un futuro. No me refiero a las conductas antisociales, que ya son mal vistas, sino a aquellas que se abstengan de contenidos prosociales.
La ley tipificó el delito de omisión y asumimos la responsabilidad de abstenernos de las acciones por omisión. Fue una vuelta de tuerca más a las idealizadas libertades. La ley tipificará la omisión prosocial en las conductas cual delito de omisión en el futuro.
¿Valdrá la pena limitar las libertades en un mundo social por necesidad? Nuestra pequeña historia escrita de XXVI siglos nos muestra que sí. Que las conquistas sociales van en detrimento de las libertades individuales que no son prosociales y llegará el día que la omisión de estas últimas será penalizada.
Entiendo ‘no ser prosocial’ una ancha banda de conductas que van desde las claramente desestabilizadoras de la integridad psicofísica de los demás a la no adopción de actitudes y comportamientos derivados de ellas que beneficien a la sociedad en su conjunto. Son ejemplos de ellas la velocidad excesiva en una carretera donde ponemos en riesgos a los demás y a nosotros mismos, la agresión psicofísica directa contra la integridad de los otros y la no adopción de las medidas para la buena relación social.
El animal humano, que debe lo que tiene a su relación social, no puede intervenir de forma positiva socialmente solo cuando le interese, sino cuando el interés general se lo demanda. Es decir siempre. Y por ello la omisión prosocial estará responsabilizada y penalizada.
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