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« en: 16 de Septiembre de 2008, 10:47:52 » |
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De nuevo estaban ahí. La verdad , hay que decir, que nunca se habian ido, siempre le acompañaban relegadas en lo más hondo de su cerebro. A veces afloraban de sopetón, con sus voces dulces, añiñadas, risueñas ...como si estuvieran siempre jugando y viviendo en una gran fiesta. Solo le decian eso :"estamos aquíiiiiiiii" entre risas. Pero esta vez,las oia más cerca, como si descansaran sobre su hombro, es más. las oia revolotear como si de colibrís se trataran y le hablaban; -"Vente con nosotras - las tres voces cantarinas, le decian a la vez - ven, ven con nosotras" Y siempre daba la misma respuesta: -"No puedo"- con un deje de amargura -"¿Por qué?" - le preguntaban las tres -"Por que...¡no puedo volar!" Y ellas reian y reian y reian... dulces, amables...acogedoras. Entonces el elfo aparecía, con sus orejas puntiagudas,con esa piel entre rosacea y dorada y le intentaba coger la mano, como para mostrarle el camino... El cielo se tornaba de un malva claro y el olor a rosas, a frescor, a verdura lo impregnaba todo. Era consciente de que algo andaba mal, de que aquello no era real pero cada vez lo que le rodeaba se dibujaba más nítido y sentía miedo, pánico...¡sabia lo que eso significaba!!! pero ...a la misma vez...¡eran tan bonitas!... Pequeñitas, no más altas de dos palmos , frágiles, con esas alitas transparentes, hechas de mil hilos de plata y esos colores: rosa, lila y azul y sus caritas, redonditas, de ojos negros como canicas de cristal. Y sus manos pequeñas, de dedos largos que le acariciaban el cabello y esa melodía (su lenguaje) que le susurraban al oido... Sonreia, se sentia bien, algo, como algodón, le subia por la nuca e iba envolviendo su cabeza, lo podía notar, notaba como su oido empezaba a captar las risas más agudas de ellas, el ronroneo de su gato, que miraba fijos sus ojos, hasta casi el ruido que hacía la vecina en el piso de arriba...era como sis sus orejas se hubieran alargado al extremo de ser como las del elfo ,que lo aguardaba, y ellas: -"Ven, ven con nosotras..." - le insistian entre risas con esa dulce voz almibarada Le costaba esfuerzo el pensar con claridad, nadaba entre dos aguas - y una de ellas, lo sabía y bien que lo sabia - la podia ahogar... -"Luis - llamó - Luis...por Dios, Luis...estan aquí..." Y Luis apareció, rápido, sabia ya lo que sucedería y no, no podía, no quería consentirlo... -"Tranquila, Olga, tranquila" Se acercó a la caja de los medicamento y busco una caja alargada, gorda con sesenta pastillas divididas en cuatro blisters de quince comprimidos cada uno, saco uno, cogió agua fresca de la nevera y se la dió. -"Tómatela, Olga y llamo a Ruíz" Olga ya ni le miraba, miraba al elfo que le hacia signos con la mano en señal de que la siguiera y oia a "sus" hadas que entre risas le decian que ella no volaba, que ella solo hablaba, porque en su mundo era conocida como el Hacedor de las palabras y cada rato (pues el tiempo allí no existia) contaba un cuento o se inventaba un relato... -"¿Dr. Ruíz?...Hola, soy Luís...Olga, que se está iendo...Sí, le he dado el antipsicótico... Vale, cojo el coche y vamos. En media hora estamos"... Luís arrancó el coche, esta vez viajaba solo ya no le acompañaban ni el Hacedor de las palabras, ni las hadas, ni el elfo...los habia dejado allí, en su mundo, con guardianes (así llamabas Olga a los enfermeros) y chamanes (así llamaba Olga a los médicos) que velarían sus sueños... Un saludo
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