El conocimiento sobre el Trastorno Bipolar (TB) ha ido aumentando en los últimos tiempos gracias a la aparición de nuevas técnicas y nuevos estudios fisiopatológicos, especialmente en los campos de la neuroimagen, la psicometría, la genética y la psicofarmacología. Todo ello dentro de un marco tecnocientífico (entendida la Tecnociencia, según el investigador Javier Echeverría, como un constructo social altamente artificializado que se aplica a los más diversos ámbitos sociales y empíricos para producir modificaciones y mejoras).
El TB es un padecimiento notable – se estima que lo padece un 6 % de la población según numerosos estudios, siempre sesgados por las incertidumbres diagnósticas que modifican la representatividades de las muestras- y es por ello digno de un estudio amplio, exhaustivo y continuo que nos vaya acercando y profundizando paulatinamente en él.
Hablaremos en esta Web del llamado ‘Espectro Bipolar’, concepto de difícil precisión, que está formado por grados variables de depresión y manía, donde la psicosis maníaco depresiva o TB tipo I constituye la punta del iceberg.
Con este trastorno se nace – son las variantes genéticas las que le proporcionan estructura en el cerebro- pero será la vida, los acontecimientos vitales, los que junto a determinados factores neurobiológicos (neurotransmisores, hormonas, etc.) le harán aflorar.
Para este trastorno, como para muchos otros, será fundamental un diagnóstico precoz, una buena adherencia al tratamiento, una buena higiene conductual y la divulgación de que no se trata de una enfermedad mental sino un trastorno cerebral con síntomas cerebrales (ya que estos síntomas son consecuencia de procesos cerebrales orgánicos y son mal llamados psíquicos, mentales o espirituales).
Trataremos es esta Web sobre la lucha contra la estigmatización de las mal llamadas enfermedades mentales entre las que se encuentra incluida el TB. Vivimos en sociedades en las que, de la interacción entre sus individuos, nace el estigma como rasgo comportamental que hace a algunos culturalmente inaceptables o inferiores para las responsabilidades sociales y laborales. Y son las llamadas enfermedades mentales las más estigmatizantes. Por ello, mientras este pensamiento no progrese ampliamente – lo que llevará mucho tiempo -, mi consejo será el de ser reservados con el padecimiento del TB y no enarbolarlo como bandera de lucha contra el estigma. Cierto es que todo avance social supone el sacrificio de cierta parte del colectivo, pero aquí su papel es como mucho “neutro” y ni usted solo ni en comunión más que imposible con el resto inclinaría el fiel de la balanza hacia el platillo de la desestigmatización.
No obstante, los hombres y mujeres que tienen una existencia bipolar, manteniéndose en el anonimato si lo prefieren, deben contactar con aquellos en sus iguales circunstancias para organizarse, asociarse y colaborar en conseguir objetivos comunes. Además, el contacto con iguales les muestra que no están solos en este difícil mundo de la bipolaridad. Los que han llegado antes que ellos están dispuestos y preparados para tender una mano de ayuda a los que se van incorporando a este tipo de asociación (ver Asociaciones de TB).